Antiegüedades y el mundo moderno

Durante las últimas dos décadas, hemos visto cómo los muebles “rápidos” se apoderan de la industria de la decoración. Baratos y prácticos, las cajas desechables y los instructivos de armado entraron gradualmente en nuestras vidas, prometiendo soluciones sencillas y despreocupadas para las cambiantes necesidades de nuevos estilos de vida. Con la movilidad en aumento, es tentador pensar en los muebles como una simple solución temporal: objetos funcionales, baratos, construidos para durar sólo un par de años antes de ser desechados.


Pero la enorme presión sobre el medio ambiente que esta mentalidad ha producido a lo largo de los años se está acumulando. Ya no podemos cerrar los ojos y asumir que esta es una práctica sustentable.


Con la ecología convirtiéndose en uno de los temas candentes en la actualidad, el interés por el mobiliario y la decoración sustentable se ha disparado.


Un comportamiento ambientalmente responsable dentro del hogar ahora va más allá de abstenerse del uso de productos químicos, o preferir cultivos y alimentos sustentables, extendiéndose también al ámbito de los objetos. Si bien la industria de la decoración explora constantemente diferentes tecnologías de producción y promueve el reciclaje, la creciente popularidad de los muebles antiguos y decoración vintage entre la generación Millennial muestra el camino que deberíamos seguir.


No importa cuánto intentemos ser consientes con el medio ambiente, soló usando y comprando materiales de productores con prácticas responsables, cada producto nuevo, inevitablemente, alimenta el consumismo que tanto deteriora nuestro planeta.


Sin embargo, optar por lo vintage significa usar lo que ya está allí; significa rendir homenaje a las habilidades de los artesanos de antaño y adoptar una calidad que ha resistido el paso del tiempo.


 
 


Al elegir antigüedades, no solo reciclamos, sino que también nos hacemos de muebles y objetos que durarán décadas, por lo mismo, no habrá la necesidad de aumentar el desperdicio.


Cuando los muebles producidos en masa dieron forma a la “norma” de la industria de la decoración, nuestros estilos personales imperceptiblemente comenzaron a desvanecerse. Hasta que recientemente abrimos nuestras puertas a video llamadas y redes sociales. No nos habíamos dado cuenta, ni podíamos imaginar, cuán igual, uniforme y, por lo tanto, aburrida se había vuelto la decoración de nuestros hogares.


 

¿Dónde están estos cuartos? ¿Quién vive en ellos?


 

Las antigüedades son un poderoso aliado para luchar contra la similitud. Muchas piezas antiguas no sólo son raras (a veces únicas), sino que también permiten la experimentación y la personalización. Con un toque de buen gusto, una sencilla reparación o un simple trabajo de tapicería, un hallazgo de segunda mano se puede convertir en objeto de colección. Así es como las antigüedades fomentan y potencian la expresión personal.


Los objetos y muebles antiguos siempre vienen acompañados de una historia. Descubrirla nos llena de emoción y nos hace apreciarlos aún más. Explorar sus narrativas siempre será una aventura.


Las antigüedades promueven la calma, la sensación de vida, y lo “vivido”. Las piezas gastadas, con pátina, pequeños golpes y rasguños nos hacen sentir más tranquilos, al recordarnos que nada es perfecto. Las antigüedades son una forma de aceptación del deterioro natural de las cosas.


Las casas con interiores uniformes y aburridos creados por lo “normal”, por simple moda o la aburrida funcionalidad, desaparecen inmediatamente de nuestra memoria. Vista una, se han visto todas. Por el contrario, las casas que tardan en desarrollarse a través de capas de objetos únicos, de antigüedades, mantienen despierto el interés y la imaginación; son atemporales, únicas y muy personales. Una tendencia que jamás desaparecerá, en lo referente a la originalidad de la decoración de nuestro hogar, es la autenticidad, y con ella la imperfección que suele acompañar a las antigüedades y sus historias.